El AntiEdipo

Es difícil hablar de lucha porque incluso los asistemáticos todavía no se han liberado de la vieja voluntad de sistema –y de Sistema Ahora, de Sistema Ya. Como DRY o Podemos, que sustituyen la lucha por el programa. O, como diría Artaud: jamás el cuerpo es un organismo, los organismos son los enemigos del cuerpo.

Buscando la verdad en los hechos, en lo que existe objetivamente, siento encontrar cierto vínculo entre Albania y Nanterre.

La geografía urbana refleja y refuerza el establecimiento de nuevas relaciones entre los reclusos de la Escuela y los expoliados de la Fábrica. Frente al Obrero -contra el Obrero-, la máquina escolar empieza a forjar un nuevo tipo de subjetividad reproductiva: no más proletarios dóciles y laboriosos; en lo sucesivo -y como figuras autónomas, centradas sobre sí mismas- también estudiantes: individuos al amparo de la familia, tan pacíficos y conformistas como sea posible, asediados por el desempleo y la ausencia de futuro. Como sujeto social particular, el estudiante contemporáneo apenas conservará afinidades de fondo con el asalariado clásico –en lugar de anticipar al obrero, perpetúa al padre. Y, al sentirse, de hecho, menos obrero y más estudiante que nunca, mostrará escaso interés por las vicisitudes de la clase trabajadora.

Nanterre no era sólo la condición de la interferencia entre los ámbitos cerrados del Trabajo y la Escuela. No era sólo el índice de cierta comunión ideológica, de cierta complicidad política entre obreros y estudiantes. Nanterre (filosofía en los arrabales obreros) tenía que ver también con la tentación del Terrorismo, con la seducción de la Conciencia Separada. Aquellos estudiantes que se confundían, en los mismos bares y bajo la misma lluvia, con los trabajadores menos acomodados podían sentir a menudo -en parte, por ello- la necesidad de desencadenar, en su nombre, la Revolución. Los mismos universitarios que recitaban (a su manera) el marxismo-leninismo, echaban pestes del PCF y se empeñaban en extraer las enseñanzas teóricas de la “gran revolución cultural china”, podían -muy fácilmente- acariciar el proyecto emancipador: liberar, por su cuenta, a la Clase Obrera.

Cerrar una comunidad es lo que la convierte en Sociedad. Y todo lo que está cerrado está artificialmente cerrado. La presión provocada por los límites artificiales potencia el componente reactivo y acelera los conflictos hasta el nivel del inconsciente (que es la información filtrada por el conflicto). Eso, sumado a que la Persona (o creer que somos lo que representamos) es un delirio, provoca la codificación de los flujos del deseo y los apacigua en los rituales o procesos de identificación. Así es como imagino que se codifica la información genética: los movimientos posteriores explican los movimientos previos.

De El AntiEdipo desprendo que en el Capitalismo hay algo vinculado o, como diría Sloterdijk, erotizado para con la esencia humana. No obstante, considerando que filia y eros son vinculación, me da que no estamos ni vinculados ni erotizados con el capitalismo, sino asociados a su imagen a través de las operaciones simbólicas del lenguaje: la Metáfora carga de afecto a la ficción erigiéndola como Verdad y, en tanto que algo repetible, en Ley. Así se construye la Diferencia: el muro del Significante por el que las palabras nos dominan. De esta manera, la Razón ve en todas partes agentes y acciones: cree que la voluntad es la causa en general; cree en el “yo”, cree que el yo es un ser, que el yo es una substancia, y proyecta sobre todas las cosas la creencia en la substancia-yo -así es como crea el concepto “cosa”, como nos cosifica. O, cuestionando a Sloterdijk, así es como la Razón se relaciona con el todo dándolo por incompleto y como si todavía tuviésemos que dotarlo con la fuerza de nuestras almas. Por eso para el fundamentalista la voluntad es fundamental. Y, porque la vida es lo abierto, toda diferencia es un muro que hay que atravesar.. El soporte es el cuerpo sin órganos…